sábado, 26 de enero de 2019

Santa Teresita

Durante una de las más agradables visitas a Santa Teresita decidí recorrer las cercanías de la playa por la mañana. Mientras mis compañeros de aventuras se recuperaban de una larga noche, me dispuse a disfrutar de la belleza del lugar. Cerca de la costa me encontré con unas mujeres que parecían danzar con una habilidad asombrosa. Sus movimientos eran etéreos, como dejando una estela de hermosos recuerdos, un rastro de placer y deseo irresistible. No sé cómo, pero en un momento, me encontré a mitad de camino, acercándome más a cada segundo. Algo de mi conciencia percibía el peligro de tal falta de control y luchaba por evitar el encuentro. Pensaba que aquello no era necesario y debía seguir mi camino, sabía que no tenía ninguna excusa para justificar el inminente encuentro, aunque eso no me detenía. Ningún intento fue suficiente y sin notarlo me presenté ante ellas.

-Buen día.

Todas saludaron con una sonrisa. Una de ellas se adelantó y mirándome directamente a los ojos con una sencibilidad que nunca voy a olvidar dijo:

-Bienvenido viajero. Si deseás algo puede que este sea el lugar y yo sea la indicada para conseguírtelo ¿Qué buscás?

Esa pregunta me recordó que no era mi voluntad estar ahí. Su mirada seguía enlazada con mi alma como con un hilo de marioneta. Busqué en mi cabeza miles de excusas en un segundo, lo que garantizó una exploración superficial e inútil. En seguida noté un destello de aburrimiento en sus ojos. No lo soporté y me arriesgué a responder algo bastante general y poco jugado.

-Busco ser un héroe… o por lo menos un hombre decente.

-Esa es la mayor de las hazañas, no puedo cumplir con tal alto deseo. Solo puedo concederte algún pequeño milagro. Si elegís bien, puede ayudarte a cumplir tu destino.

-Eso no tiene nada de especial – dije decepcionado con la cabeza baja y las manos en los bolsillos, pateando un caracol del suelo- Un milagro tiene que ser grande, debe cambiarlo todo. Un pequeño milagro sucede todos los días, se llama suerte. A mí no me interesa aquella suerte que no es generada por mi esfuerzo. O sea, no me interesa la suerte. Esperaba que al menos… - me tocó el hombro un instante y me guio hacia un viejo baúl con prendas de vestir bellas pero que sin embargo parecían vulgares.

-Estas son prendas que dan dones al que las vista. Tenés que seleccionarlas según su belleza. Podés preguntarme por la magia de solo 3. Pero te vas a llevar una o dos, dependiendo del poder de cuales elijas.

Sin decir una palabra empecé a revolverlas, resisaba desganado una a una. Sinceramente no me interesaban. Pero al ver a la piba mirándome expectante, danzando tan sutilmente, la magia volvió a manejar mi voluntad y me colgué del baúl con una pierna al borde y la otra por fuera, en punta de pie. Decidí meterme de lleno, a buscar y revisar hasta la última y más desdeñable zunga (odio las zungas). Recordé como estaba vestido, mis prendas eran aceptables a excepción de mi short. Era casi nuevo pero a los 2 días de uso lo manché con una espuma sintética aparentemente capas de durar en la tela más que la tela misma. Aunque siempre lo llevaba limpio parecía sucio, como manchado recientemente con algún tipo dulce de leche eterno. No me había dado cuenta de la pinta que tenía al hablar con ella. Pero pensé que si tenía alguna oportunidad de amor, convenía cambiar aquella prenda lo antes posible. No fui muy sensato, las mujeres desean a uno por otras cosas que poco tienen que ver con giladas como esa. Pero estaba cautivado y no pienso con claridad, menos en esos casos. Encontré uno naranja fluorescente. Razoné que por lo menos sería fácil de encontrar en la playa. Podría ser un punto de referencia, como alguien de rastas o con la remera de Boca. Algo útil. Salí de entre las prendas para mostrárselo.

-Me gusta este ¿Para qué sirve?

-Ahhh… creo que estas eligiendo por practicidad y no por belleza. Ese es “El Faro de Día”. Refleja la luz de una manera tan fuerte que todos te van a ver y tener en cuenta. Siempre que lo uses estarás presente en el pensamiento de los que te rodean.

-¡Eso es terrible! Hay pocas cosas más importantes para mí que me dejen tranquilo. Sería el centro de amores no deseados y de críticas crueles.

- A si es, lo llevan mucho. Te advertí que eligieras según tu parecer estético. La belleza es la única verdad…o por lo menos la que única que vale la pena.

Seguí buscando. Encontré dos más. Uno era azul Francia con lunares blancos. Otro tenía un fondo negro con tallos verdes y flores rojas, parecían unas rozas rústicas, primitivas.

-¿Y estos?

- El azul es el modelo “Dioniso”, tiene el don de extender la juventud. Aquel que lo vista será joven por más tiempo. El negro se llama “Búho en Rosal”, brinda sabiduría. Quien lo vista comprenderá la complejidad de su entorno. Entenderá las fuerzas de la naturaleza y se adentrará en la profundidad del espíritu de aquellos que lo rodean.

-¡Excelente! No hubiese podido elegir mejor. Me los llevo

Y mientras a toda prisa me puse el azul y empezaba a ponerme el negro encima, la piba me paró tomándome del hombro nuevamente.

-¿Te acordás que algunas prendas eran muy poderosas para llevarlas de a dos? Bien, estas lo son, mucho. Tenés que elegir una.

Empezaba a sospechar que sean cuales sean, nunca iba a poder llevarme dos. Sin embargo respondí afirmando con la cabeza.

Lo pensé un rato. Si me quedaba con la sabiduría sería capaz de conocer mejor el mundo, los secretos del universo, entender que sienten las personas que quiero y las que no, poder vivir en paz con todos. Aunque era posible que después de un tiempo me empiece a sentir solo, apartado de aquellos que no han logrado ser sabios. Claro que sabría cómo conectarme con ellos, porque sabría muchas cosas. Pero no estaba seguro de correr el riesgo. Por otro lado, ser joven por mucho tiempo tiene excelente ventajas, ni siquiera tengo que enumerarlas. Además, si tengo una vida longeva y me esfuerzo lo suficiente por entender en algún punto voy a ser medio sabio. Una elección muy difícil, era mucho lo que estaba en juego. Aún asi me decidí, quería entender el mundo. Por las dudas le hice una última pregunta.

-¿El azul da un físico o una psiquis de joven?

- Para nuestra cultura ser físicamente joven es ser saludable, ser psíquicamente joven es ser inmaduro. Por lo tanto ser joven es ser ambas.

-Entonces el azul prolonga una etapa de la vida, sin madurar durante tal lapso no voy a conseguir la experiencia necesaria para ser sabio. Voy a terminar mis días estancado con la madurez del primer día de uso. Ser joven es hermoso, pero sospecho que el serlo de ese modo se haría aburrido en poco tiempo.

-Opino lo mismo.

-Me llevo el negro entonces.

-Qué lástima, no vi cómo te quedaba el negro, pero el azul te queda muy lindo –dijo mientras sonreía encantadoramente mirándome a los ojos.

Esa tarde fui a la playa, acaricié la arena con los pies y me quedé un rato mirando la inmensidad del mar. Un hombre que recorría la playa vendiendo churros me llamó mucho la atención. Me vio y empezó a acercarse ¿Me conocía? De pronto todo su entorno se hizo gris, él parecía brillar. Paro el carro justo frente a mí.

-Gracias, pero hoy no voy a comer churros.

-No vengo por eso - me dijo casi susurrando.

-¿Por qué entonces?

-Sé que ha contactado a las sirenas, yo también lo hice. Sáquele provecho a su bermuda. A mí no me fue tan mal, pero no dejo de pensar que me estafaron. Nos vemos.

De pronto un grupo de personas pusieron música a todo volumen. Sonaba una canción en la que una chica afirmaba que le gustaban besos tan grandes que no le cabían en la boca, o algo por el estilo. No le encontré ningún sentido musical, sin embargo bailé, reí, gocé de la compañía un buen rato. Esa tarde todos me elogiaron el short.





La imagen puede contener: 2 personas, cielo y exteriorFoto de "Las mejores esculturas de arena", Vaiu.es

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